Se acabó tu tiempo.
Ya no te quedan cosas por contar. Le siguió el silencio a tu última explosión de gloria. Después del aplauso final, ahora sólo quedan en el escenario una estela de humo que acaricia las lámparas del techo, ecos en la puerta de atrás, y un puñado de sillas viejas.
Se han marchado todos los oyentes y por no quedar, no se han quedado a verte ni los bailarines.
Has tenido tus momentos, eso he de reconocerlo. Pero lo mejor que ha salido de ti se queda en el imperio de la nada más mediocre. Una sonrisa detrás de un café, un viaje que pudo haber merecido la pena. Promesas que quedaron en nada.
Aire.Humo.Otro álbum de fotos que enmarcar.Una colección endemoniada de palabras.
Nada.
Y así esta noche, en unas horas, se dará punto y final a tu reinado, a tu maldita transición.
Te despediré con todos los honores. No por lo que has hecho, si no por lo que te creíste merecer. Porque conseguiste regalarme un par de besos. Porque juntos le dijimos dónde se llevaba sin querer mi corazón.
Ahora, queda cerrar los ojos. Escribir algún deseo en un papel que doblar en la suela del zapato. Y esperar que, cuando te hayas ido, te lleves de aquí todo lo que no echaré jamás de menos.
A todos los que me hablan un poquito (a veces en susurros) más al corazón, un Abrazo. Y el mejor de mis deseos.
Ya no te quedan cosas por contar. Le siguió el silencio a tu última explosión de gloria. Después del aplauso final, ahora sólo quedan en el escenario una estela de humo que acaricia las lámparas del techo, ecos en la puerta de atrás, y un puñado de sillas viejas.
Se han marchado todos los oyentes y por no quedar, no se han quedado a verte ni los bailarines.
Has tenido tus momentos, eso he de reconocerlo. Pero lo mejor que ha salido de ti se queda en el imperio de la nada más mediocre. Una sonrisa detrás de un café, un viaje que pudo haber merecido la pena. Promesas que quedaron en nada.
Aire.Humo.Otro álbum de fotos que enmarcar.Una colección endemoniada de palabras.
Nada.
Y así esta noche, en unas horas, se dará punto y final a tu reinado, a tu maldita transición.
Te despediré con todos los honores. No por lo que has hecho, si no por lo que te creíste merecer. Porque conseguiste regalarme un par de besos. Porque juntos le dijimos dónde se llevaba sin querer mi corazón.
Ahora, queda cerrar los ojos. Escribir algún deseo en un papel que doblar en la suela del zapato. Y esperar que, cuando te hayas ido, te lleves de aquí todo lo que no echaré jamás de menos.
A todos los que me hablan un poquito (a veces en susurros) más al corazón, un Abrazo. Y el mejor de mis deseos.

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