Él: -Hola.
Ella: -Hola. Vaya, qué sorpresa.
Él: -Sí, lo sé. Estoy en el aeropuerto.
Ella: -¿Te vas de vacaciones?
Él: -Estoy en el aeropuerto de Barcelona. Necesito verte.
Ella: (Silencio y suspiro) -Vaya, llegas cuatro años tarde.
Él: -No, llego cuando más me necesitas y cuando ya no podía respetar más tu vida.
Ella: -Mira, no entiendo nada. ¿Cuánto hace que no hablamos?
Él: -Tres años, cinco meses y doce días, ya sabes como soy.
Ella: -Si, lo sé.
Él: -Tienes la voz temblorosa. Como cuando te pedí que no te fueras. Como cuando enloquecías de pasión entre mi boca, mis brazos…
Ella: -Para, ya sé a donde quieres llegar… Por favor, vuelve a subirte al avión y no me compliques la vida.
Él: -No voy a complicarte la vida. Vengo a vivirla contigo. No voy a irme sin ti. Espero que tengas sitio en tu casa.
Ella: -Estás loco.
Él: -Como una cabra.
Ella: -Dame veinte minutos.
Él: -Son demasiados.
Ella: -Venga hombre, ahora no te puede venir de unos minutos.
Él: -Ni un minuto más, ni uno más. Cada minuto que pasa sin ti me siento más imbécil y odio sentirme así.
Ella: -Dime que no has traído al perro.
Él: (Risas) -Sigues siendo una miedosa. Tranquila, sólo te morderé yo.
Ella: (Risas) -¿Cuando me despierte estarás cerca para recordarme que esto no es ficción?
Él: -Me pillo un taxi, dame la dirección exacta de tu casa…
Ella: -Espera no, quedamos en otro sitio.
Él: -Perfecto después de que te haya hecho el amor decides dónde quedamos. ¿Calle…?