Si me visitas. O te visito. Y nos encerramos en una habitación de hotel a medirnos con la lengua todas las extremidades. A memorizar cada retazo de piel para el tiempo de la ausencia. A reimprimir con los labios besos que antes fueron de papel. A recorrernos y volvernos a correr con ansia pero sin prisa. A inventar reglas nuevas para los viejos juegos, y jugar la partida, y la revancha, y la buena y la definitiva. A acariciarnos con yemas y con claras intenciones de compartir el goce. A follar, a pasearnos desnudos, a mirarnos con los ojos cerrados. Si eso ocurre, me pregunto ¿podríamos llamarlo turismo sexual?
Nunca hay demasiado descanso, ni demasiado calor, ni demasiado placer.

1 Comments:
This comment has been removed by a blog administrator.
Post a Comment
<< Home