Recuerdo cuando te vi la primera vez. Lo primero que pensé fue: "no tiene la más mínima posibilidad". No sé, no eras mi tipo. No soy alguien que juzgue por la imagen o la apariencia, pero tú tenías toda la pinta de no ser de las que me gustan. Según avanzaba la noche seguía pensándolo... hasta que me cogiste de la mano. Es raro, nunca me había gustado que me cogieran de la mano. Jamas había comprendido esa actitud de las parejas, lo veía incómodo, poco práctico. Pero tuviste que venir tú a cogerme de la mano. Simplemente tú. Mi muro de hormigón armado se convirtió en castillo de arena al final de un día de playa. Todo duró un suspiro, y al terminar de exalar ya lo habías conseguido, estaba jugando con tus dedos mientras hablábamos. Cuando me di cuenta apenas podía creérmelo, y cada vuelta de esquina me volvía más incrédulo. Y a partir de ahí, todo cambió, y las manos son un pedacito de ese todo."Me encanta que me cojas de la mano, ojalá viviésemos esposados para no sentir esta insaciable adicción a tus manos que me hace extrañar tu tacto como si fuese el mío propio. Déjame pellizcarte un rato más..."

0 Comments:
Post a Comment
<< Home